(3)
Con el calor la llanta trasera del automóvil explotó y el Sedan “prestado” no tenía refacciones. Tuvimos que abandonar el vehículo, con la esperanza de saber que estábamos cerca de casa de mis padres. Me apenaba ver la cara de sufrimiento de Esteban a cada paso que dábamos, mas no había opción. De repente a lo lejos se divisaba una aglomeración de gente, no podía notar si eran enfermos o sanos.
-Debemos tener cuidado, Talia.
-Sí ya me contó un hombre lo que hacen con las mujeres…
-Lo mismo que con todos; las matan…. La gente sana se ha unido en bandos y utiliza a los contagiados como nosotros para divertirse. En venganza, los infectados se deshacen de ellos. Pero somos tan débiles…
-Por lo que veo, entonces no conviene que ninguno de los dos pasemos por ahí.
Decidimos tomar una calle lateral, así evitaríamos a la muchedumbre para poder continuar nuestro paso tranquilamente. Pero conforme avanzábamos, un olor a carne quemada inundaba el ambiente. Casi no se podía respirar, nos lloraban los ojos y el humo no dejaba ver claramente los edificios. Los dos amigos nos detuvimos cuando vimos a unos hombres quemando una montaña de cuerpos apilados. Eran los muertos, que ya no tenían espacio para ser enterrados. Una vez que terminaban de incinerarlos, subían aquella pasta de carbón que alguna vez fueron seres humanos dentro de unas camionetas. Después me enteré que con eso formaban una mezcla para fertilizar las tierras baldías, de las cuales lograban hacer crecer unos melones verdes que jamás me atreví a comer.
-¡Señorita!, ¡Señorita!...
volteé y un hombre con el rostro manchado de ceniza se me acercó corriendo. Esteban se escondió atrás de mí, apretando mi brazo derecho demasiado fuerte.
-Al parecer un apestado viene siguiéndola… justo cuando terminaba de decir esta frase, sacaba una pistola que tenía guardada en la parte trasera de sus jeans.
-¡No!, ¡Espere! Él viene conmigo.
-No puedo permitir eso, podría contagiar a otros… mire yo se que muchos encuentran emocionante juntarse con estos monstruos, pero piense en el peligro… ¡Esta cosa no debe propagare más!
-Es mi amigo… no puedo dejarlo aquí. Además él ha cuidado de mí… por favor déjenos ir.
De pronto, un disparo y Esteban cayó de espaldas golpeándose con el pavimento. Volteé; mi compañero tenía un disparo en la cabeza del que aún salían residuos de humo.
-¡Esteban!... ¡Idiota! ¡Mataste a mi amigo!
-Es una orden legal. Ahora tendrá que ir con los policías que están cuidando la quema para que la reubiquen
-No necesito una reubicación, yo me largo de aquí…
“No señorita venga acá”… fue lo último que escuche, corrí entre las montañas flameantes de muertos y no me detuve hasta llegar a la casa de mis padres. Sabía que mi hijo me estaría esperando una vez que abriera la puerta.
Publicado por Alma Chacón.
Alma Chacón es una de las mujeres más peligrosas de la Historia.


08:52
Posted in:
0 comentários:
Postar um comentário